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Buenas noches a todos los asistentes que hoy, en este día de
emotivo recuerdo a las víctimas de los terribles sucesos de hace
un año, se han acercado hasta aquí, hasta esta histórica
Parroquia concientes para vivir, gozar y sentir este concierto
que a continuación se va a interpretar en marco tan señalado e
idóneo. Señalado e idóneo porque este lugar sagrado está cargado
de historia, de arte y de memoria, como las obras musicales que
van a ser ejecutadas a continuación. Aquí donde nos encontramos
ahora nos rodea el arte nacido del genio de
Cristóbal de Guadix o
Andrés de Ocampo, de
Pedro Roldan y de
Cristóbal Ramos, de
Blas Molner o
Roque Balduque y si esto por si, no fuera suficiente,
sobrevuela sobre nosotros la presencia de nuestro anfitrión
musical de esta noche, de D. Antonio
Pantión Pérez, pues su presencia se palpa bajo esta
cúpula hoy como si fuera ya Lunes o
Miércoles Santo.
Por todo esto y por la inminencia, por la cercanía de lo que
vamos a vivir ya en la calle dentro de nueve días, creo que no
está de más recordar que nuestra Semana
Santa es un concepto de obra de arte total y completo, de
plenitud en su transmisión absoluta de espiritualidad y profunda
devoción, de sentimiento vivo y emocional, -solamente tienen que
a mirar a su alrededor y dentro de unos minutos escuchar-, por
ello a lo largo y ancho de la historia hemos ido rodeando a
nuestras imágenes extraordinarias que llevamos en el corazón,
con lo mejor que han sabido dar de si mismo los artistas y su
tiempo, así se a llegado a crear la sublime expresión pública
de fe que hoy es nuestra Semana Santa,
con el cuidado y el esmero del arte, lo mejor que Ellas,
nuestras imágenes y Sevilla
merecen.
Pero hay que recordarlo, es necesario hacerlo porque han surgido
factores nuevos en nuestra sociedad en general, algo aquejada de
algunos males culturales, estéticos y religiosos, que inciden
negativamente en la Semana Santa
actual, e inciden en ella porque nuestra
Semana Santa esta formada por nuestras propias vidas,
porque es algo absolutamente vivo, haciendo que todo sea
reflejado en ella, cosa que manifiesta su propia vitalidad, su
mejor valor, pero también su fragilidad, por ello debemos de
estar alerta para tener presente y saber combatir los factores
negativos que la aquejan actualmente, que son especialmente
tres: el primero, la pérdida de la percepción tangible de
nuestra cultura común y compartida como algo valioso, apreciado,
antiguo y fastuoso, el segundo el efecto de dispersión cultural
de los medios de comunicación masivos y el tercero el
debilitamiento del sentir religioso, que nos lleva a correr el
riesgo de que parte de su estructura básica se transforme en lo
opuesto de lo que han sido sus fundamentos históricos, porque se
puede evolucionar, como de hecho así ha sido a lo largo de la
historia, pero no perder nunca sus esencias y su profundo
espíritu, pues el hacerlo nos empujaría a convertirnos en una
representación insustancial y superficial, más cercana al
divertimento que a la piedad, emoción, conmoción, y conversión
que siempre ha sido.
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