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Cito un fragmento:
“Mis deseos y esperanzas al
escribir Margot no son otros que ayudar
al resurgimiento del drama lírico español…”
Es más, en esa misma carta unas líneas adelante, el maestro hace
una declaración de intenciones, en la cual podemos descubrir
la
clave que nos ayudará a comprender parte de la creación de Turina:
“El fondo del sentimiento andaluz es triste, ¡y se empeñan en una
continua pandereta!”
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Si el maestro levantara la cabeza y oyera los acompañamientos
musicales de la mayoría de los
pasos/tronos de Virgen de su Andalucía, sin
duda, cambiaría de opinión. Hemos terminado por asimilar
de tal manera el concepto que, de nosotros los andaluces, tienen los forasteros
y extranjeros; que somos
incapaces de recordar quienes somos, de dónde venimos, cuales son nuestros sentimientos más profundos…
Bueno, creo que estoy divagando, lo que
importa es que el mismo Joaquín Turina, y en esta carta, nos
dice dónde empieza la importancia de la obra que nos ocupa:
“La importancia de la partitura comienza en el 2º cuadro del
2º acto…”
Podemos comprobar que, hasta aquí, la obra bien podría ser una comedia,
pero a partir de este cuadro se
convierte en un drama.
"La Instrumentación"
Esta pequeña historia, comienza cuando me hacen llegar una edición para
piano, desconozco la editorial,
a través de Antonio Trigueros; y comienzo el estudio de la
partitura, de su historia y su contenido.
La cuestión de instrumentar una obra musical, es
de fundamental importancia para la composición. Una
instrumentación adecuada puede hacer
crecer, y de qué manera, el resultado
final de la obra –un claro
ejemplo de esto es el “Bolero” de M. Ravel-. Y viceversa, una
instrumentación deficiente hará incomprensible
una obra que, de antemano, pareciera interesante.
El hecho de enfrentarse a la
adaptación e instrumentación de una obra,
originalmente escrita para
orquesta y voces solistas, a las
características de una banda de música
se podría considerar ya como
temerario; además si, como es
en esta ocasión, sólo
disponemos de una reducción para piano…
Ustedes dirán.
Lo único que podía hacer, era intentar pensar de forma parecida a como lo
hizo el maestro Turina y actuar
en consecuencia. Para ello me serví del libreto de Martínez Sierra
y de las anotaciones que estaban
transcritas en la parte de piano.
Antes de detallar el proceso les advierto
que, para llegar a la instrumentación final, realicé, durante un
mes, varias pruebas para comprobar el
efecto de estas posibilidades. Obviamente
estas pruebas eran
totalmente mentales –algo parecido al “visionar
imaginario” de pintores, escultores y cineastas, entre otros-
y el resultado definitivo fue el que sigue:
“Se oye una saeta lejana”
Esta es la indicación reflejada en la
partitura. La solución por la que opté
fue la de hacer cantar, a
unísono, a oboe y trompeta con sordina, y a octava, a
la flauta, todo ello con acompañamiento de maderas.
La elección de estos instrumentos, estuvo
fundamentada en la necesidad de conseguir una sensación de
profundidad y distancia, en un ambiente
de ensueño. Sin olvidar que el timbre
de estos instrumentos,
sonando a
la vez en pianísimo,
imita, de forma muy creíble, el timbre de la voz femenina oída en la
distancia.
En el compás 8 comienza una
gradación dinámica ascendente que nos llevará, a partir del compás 12,
al
“Diálogo de Margot y José Manuel”
En
esta ocasión la escena se desarrolla de forma más cercana e íntima y
opté por darle mayor presencia a
clarinetes
y, a partir del compás 18, saxofones;
uniéndose trompetas y trombones en el compás 20 hasta
llegar
a un forte en el 22. En el compás 23 los clarinetes comienzan
un diálogo con saxofones y bombardino,
que
culmina cuando la procesión se pone en marcha, todavía en la distancia, en el
compás 30. En este
compás comienzan
los tambores a sonar.

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